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Henry Hohle (Activo en el siglo XIX en Francia)

Seni delante del cadáver de Wallestein, s. XIX. (Copia del original de Karl Von Piloty)

Óleo sobre porcelana. Colección MNSC

Desde la antigua Grecia y Roma el arte ha tomado a la literatura como fuente para sus composiciones pictóricas, dotando de un nuevo sentido a la palabra escrita a partir de la configuración de imágenes. De hecho, durante el Renacimiento, cuando los artistas emprendieron la lucha por la revalorización de su trabajo, que era considerado por muchos como una labor meramente manual, argumentaron que la pintura era también un arte intelectual porque además de saber dibujar y pintar, debían conocer a profundidad las fuentes escritas para crear toda la composición.

Conforme el cristianismo fue ganando terreno en Occidente, las escenas religiosas, basadas principalmente en las Sagradas Escrituras, se volvieron vehículos de transmisión de la fe y de la doctrina cristiana y, posteriormente, medios de devoción. A la par que esto sucedía, los mitos grecorromanos continuaron siendo representados en el arte medieval, aunque en menor medida y bajo una mirada moralizante. En el siglo XIV, cuando se avivó el interés por la literatura grecorromana, las hazañas realizadas en los mitos por dioses, semihumanos y humanos, sirvieron como muestras de las virtudes cristianas que el hombre contemporáneo debía de seguir, o, por el contrario, de los vicios que debía evadir.

Dicha visión de la Antigüedad clásica permaneció más o menos igual hasta que Eugène Delacroix rechazó la racionalidad de las formas del arte antiguo y de su interpretación ejemplar. En su lugar, buscó que las formas clásicas expresaran la sensualidad, el misterio y la vitalidad encontradas en la literatura clásica gracias a una sensibilidad moderna, en la que reinaban los sentimientos desbordados. Esta nueva comprensión del pasado, aunado a la sensación de que el presente había sido corrompido por la acelerada modernización y el aumento de los abusos cometidos por las clases dominantes, provocó que poco a poco los artistas románticos encontraran en los grandes clásicos de la literatura de cada país, principalmente de la Edad Media y del siglo XVI, elementos que correspondían con sus ideales estéticos y estimulaban su creación artística, como la exaltación de los sentimientos, los dramas psicológicos profundos, el amor prohibido o pasional, los sentimientos exacerbados y los fuertes conflictos morales y existenciales.

El Museo Nacional de San Carlos presenta El arte de pintar la literatura con el propósito de conocer la estrecha relación entre estas disciplinas, entendida ésta última como la expresión escrita, desde el Renacimiento hasta el siglo XIX, periodo en el que destacan las representaciones pictóricas hechas a partir del estudio de Las Metamorfosis de Ovidio, La Iliada y La Odisea de Homero, la Biblia, La leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, La Divina comedia de Dante, y las obras de William Shakespeare. 


Curaduría MNSC

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